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No siempre es malcriadez: la depresión infantil pasa inadvertida

No siempre es malcriadez: la depresión infantil pasa inadvertida

Un niño que grita, se aísla, se niega a ir a la escuela o responde con irritabilidad suele ser descrito en casa como malcriado. Según un reportaje de servicio que circula este fin de semana en medios dominicanos, detrás de esas conductas puede haber un cuadro de depresión infantil que pasa inadvertido porque se interpreta como un problema de disciplina.

El planteamiento se apoya en el testimonio de una madre soltera y periodista, presentada como Rebeca Ríos, un nombre que el propio relato describe como ficticio. Cuenta cómo cambios en el comportamiento de su hijo, que ella atribuyó al principio a rebeldía, resultaron ser señales de un dolor emocional. Por tratarse de un nombre inventado, no es posible identificar a la persona ni confirmar su historia.

En el reportaje también aparece la psicóloga y terapeuta infantil Isabel Ruiz, quien explica que en los niños la tristeza no siempre se manifiesta con llanto. Puede mostrarse como enojo, rabietas frecuentes, cansancio, cambios en el apetito o el sueño, caída en las notas y pérdida de interés en el juego. Sus credenciales no han podido ser verificadas de manera independiente.

El texto cita además varias cifras atribuidas a otras fuentes. Según esas informaciones, alrededor del 6 % de los niños dominicanos presentaría síntomas depresivos, dato que se asigna a la Federación Latinoamericana de Psiquiatría Infanto-Juvenil con datos de 2022. También se menciona que la Organización Mundial de la Salud señaló en 2025 la depresión como una de las principales causas de enfermedad y discapacidad entre adolescentes de 10 a 19 años, y que la prevalencia en adolescentes dominicanos oscilaría entre 8 % y 15 %, según Radar Docente. Ninguna de estas cifras ha sido contrastada con los documentos originales.

Para las familias dominicanas, el asunto es práctico. La escuela y el hogar son los primeros lugares donde se observa el comportamiento de un menor, y la manera de leer esas señales determina si el niño recibe un castigo o una evaluación profesional. La atención de salud mental infantil en el país tiene una oferta limitada, y muchos padres recurren primero a la corrección antes que a un especialista.

Falta por conocer si el Ministerio de Salud Pública o el Ministerio de Educación manejan cifras oficiales propias sobre depresión infantil, y si existen protocolos para que los docentes deriven casos sospechosos. Tampoco se ha precisado qué servicios públicos de psicología infantil están disponibles ni cuál es su alcance. Los especialistas coinciden en que, ante cambios persistentes en el ánimo o la conducta de un menor, lo recomendable es consultar con un profesional de salud mental.

El hecho fue reportado por Acento.

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