EN EL FOCO Blog Salud El impacto del estrés crónico en el organismo: qué ocurre cuando la respuesta de alarma se mantiene activa
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El impacto del estrés crónico en el organismo: qué ocurre cuando la respuesta de alarma se mantiene activa

El impacto del estrés crónico en el organismo: qué ocurre cuando la respuesta de alarma se mantiene activa

En el Foco Salud. El estrés es una respuesta natural del organismo ante situaciones que demandan un esfuerzo de adaptación, pero cuando se mantiene de forma prolongada puede afectar distintos aspectos de la salud.

Las exigencias laborales, los conflictos personales y las preocupaciones económicas pueden mantener al cuerpo en un estado de alerta que, sostenido durante semanas o meses, genera consecuencias físicas y emocionales.

Según explicó el profesor Carmine Pariante, investigador especializado en estrés e inflamación, durante una entrevista en el podcast de ZOE, el estrés crónico puede repercutir sobre el sistema cardiovascular, el metabolismo, el descanso y el estado de ánimo.

Las exigencias laborales, los conflictos personales y las preocupaciones económicas pueden sostener un estado de alerta durante semanas o meses.

“El estrés es cualquier situación en la que el desafío que enfrentamos es mayor, o al menos se percibe como mayor, que nuestra capacidad para afrontarlo”, señaló Pariante. La respuesta no depende únicamente de la situación externa, sino también de cómo cada persona interpreta sus recursos para enfrentarla.

El cuerpo reacciona ante amenazas físicas y sociales

Frente a una amenaza, el sistema nervioso simpático acelera el ritmo cardíaco, eleva la presión arterial y dirige más sangre hacia los músculos. El cuerpo se prepara para luchar o escapar. También aumenta la actividad inmunitaria ante la posibilidad de lesiones.

Pocos minutos después entra en acción el cortisol, una hormona producida por las glándulas suprarrenales, ubicadas sobre los riñones. Su función incluye elevar la glucosa en sangre para aportar energía y reducir el flujo hacia procesos que no resultan prioritarios en una emergencia, como la digestión.

Pariante señaló que el organismo puede poner en marcha respuestas similares ante situaciones emocionales o sociales, como un examen, una conversación difícil con un jefe o la posibilidad de llegar tarde a una cita. La diferencia radica en la intensidad y, sobre todo, en la duración de esa activación.

“En la sociedad moderna, a menudo no podemos huir de los factores estresantes”, sostuvo el investigador. La presión sostenida en el trabajo, los conflictos vinculares, la soledad o la incertidumbre económica pueden mantener encendidos mecanismos que, en principio, estaban diseñados para actuar durante períodos breves.

La activación prolongada afecta el corazón y el metabolismo

Cuando la respuesta de alarma se mantiene activa, el aumento de la presión arterial y del cortisol deja de ser transitorio. Según Pariante, esa situación puede elevar la vulnerabilidad a problemas cardiovasculares y metabólicos.

El especialista explicó que el cortisol incrementa la disponibilidad de azúcar en sangre a corto plazo, una reacción útil frente a una amenaza. Si los niveles permanecen elevados durante mucho tiempo, el organismo puede quedar expuesto a un mayor riesgo de alteraciones metabólicas, aumento de peso y diabetes.

Hombre con sobrepeso sentado en una cama por la noche junto a una mesita de noche con una lámpara encendida y un vaso de agua.

El cortisol aumenta la glucosa en sangre y, cuando el estrés se prolonga, puede elevar el riesgo de problemas cardiovasculares, alteraciones metabólicas, aumento de peso y diabetes.

La inflamación también forma parte de ese proceso. El experto afirmó que el estrés puede elevar señales inflamatorias medibles en sangre, como las citocinas.

Entre ellas mencionó la interleucina 6, asociada en sus investigaciones con respuestas agudas de estrés y con cuadros de depresión mayor.

El círculo puede agravarse con ciertas conductas de alivio inmediato. Los alimentos ricos en azúcar y grasas, el alcohol, el tabaco, las drogas o el uso constante del teléfono pueden ofrecer una sensación pasajera de desconexión. “Las estrategias de afrontamiento negativas son las que adormecen el estrés, pero no nos ayudan a encontrar una solución”, afirmó.

Insomnio, cambios en el apetito y fatiga

Los efectos del estrés sostenido pueden aparecer de formas distintas. Algunas personas pierden el apetito; otras comen más. También son frecuentes las dificultades para conciliar el sueño, los despertares tempranos y los pensamientos recurrentes sobre preocupaciones al final del día.

El experto vinculó este estado de alerta con molestias digestivas, como acidez, reflujo, indigestión y dolor de estómago. El cortisol puede influir en la acidez gástrica y en el funcionamiento del aparato digestivo, que pierde prioridad durante la respuesta de alarma.

La fatiga constituye otro síntoma habitual. Pariante explicó que la inflamación alta puede hacer que el cerebro reduzca la actividad y la búsqueda de recompensas, de manera similar a lo que ocurre durante una infección. “Cuando estamos estresados, la inflamación aumenta y el cerebro lo percibe como si hubiera una infección”, señaló.

Ese mecanismo también puede repercutir en el ánimo. De acuerdo con el investigador, la inflamación puede afectar áreas cerebrales vinculadas al placer y contribuir a sensaciones de tristeza, falta de motivación o dificultad para disfrutar actividades cotidianas.

El apoyo social y la actividad física aparecen entre las estrategias

Pariante planteó que una de las primeras medidas consiste en identificar qué parte de la situación puede modificarse. Si no es posible eliminar una fuente de presión, propuso reforzar actividades que aporten bienestar, como pasar tiempo con familiares, amigos, aficiones, arte o espacios verdes.

El apoyo social, la actividad física, las rutinas de descanso y la orientación profesional forman parte de las estrategias para afrontar el estrés (Imagen Ilustrativa Infobae)

También destacó el valor del ejercicio regular. Según explicó, la actividad física puede tener efectos antiinflamatorios y aportar sensación de progreso y recompensa. Una caminata prolongada, si exige esfuerzo y resulta sostenible, puede formar parte de esa rutina.

Sobre el descanso, recomendó mantener horarios regulares, limitar las pantallas antes de dormir y buscar actividades que ayuden a relajarse. Si los problemas de sueño afectan el trabajo o la vida cotidiana, indicó que conviene buscar orientación profesional.

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