En el Foco Salud. Aunque son fundamentales para el bienestar del paciente, los cuidadores suelen descuidar su propia salud. Reconocer las señales de agotamiento ayuda a evitar que la responsabilidad los lleve al límite.
En muchas familias, el cuidado de un adulto mayor, una persona con discapacidad o un paciente con una enfermedad crónica termina concentrándose en un solo integrante. Esta responsabilidad implica acompañar a las consultas médicas, administrar medicamentos, atender necesidades cotidianas y permanecer pendiente de la evolución del familiar, incluso cuando eso significa postergar el descanso y las actividades personales.
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Aunque suele asumirse como una expresión de amor y compromiso, atender a una persona dependiente también puede generar un desgaste físico y emocional. Durante noviembre, mes en el que se conmemora el Día Internacional de las Personas Cuidadoras, especialistas advierten que quienes asumen esta labor también necesitan atención, apoyo y espacios para recuperarse.
La irritabilidad, el insomnio, la tristeza profunda y la ansiedad constante pueden ser señales de sobrecarga en quienes atienden permanentemente a un familiar. Estas manifestaciones fueron advertidas por la doctora Sonia Zevallos Bustamante, directora ejecutiva de la DEIDAE de Adultos y Adultos Mayores del Instituto Nacional de Salud Mental Honorio Delgado-Hideyo Noguchi (INSM).
En declaraciones difundidas por la institución, la especialista explicó que los cuidadores pueden experimentar un agotamiento físico y mental conocido como síndrome del cuidador.
“El cuidador también necesita ser cuidado”, sostuvo Zevallos Bustamante, quien remarcó que estas personas requieren apoyo psicológico y espacios de descanso para evitar que el desgaste llegue a afectar su bienestar.
La sobrecarga no se limita a sentirse cansado después de una jornada exigente. Puede manifestarse en cambios de humor, dificultades para dormir, preocupación constante, tristeza y pérdida de la capacidad para disfrutar de actividades que antes resultaban habituales.
Por ello, identificar estas señales permite reconocer que el cuidador también necesita atención y que no debe normalizar el agotamiento como una consecuencia inevitable de atender a un ser querido.
¿Cómo afecta el cuidado permanente la salud física y mental?
La responsabilidad de atender a una persona enferma puede extenderse durante meses o años. Cuando el cuidador no cuenta con apoyo suficiente, dispone de poco tiempo para descansar o debe abandonar sus propias actividades, la carga puede afectar diferentes aspectos de su vida.
El psicoterapeuta Daniel Zevallos, consultado por TVPerú sobre el síndrome del cuidador, identificó manifestaciones físicas como fatiga extrema, dolores musculares, cefaleas, tensión y alteraciones del sueño. También mencionó cambios en el apetito, tanto por comer en exceso como por dejar de alimentarse adecuadamente.
En el plano emocional y psicológico, el especialista señaló la presencia de ansiedad, depresión, desesperanza, tristeza, frustración, sentimientos de culpa e irritabilidad. A ello pueden sumarse el aislamiento social, las dificultades para concentrarse y la sensación de perder el control sobre la propia vida.
La falta de ayuda de otros familiares, amigos o servicios profesionales puede incrementar esta sobrecarga. Además, algunas personas reducen sus jornadas laborales o dejan sus empleos para atender a sus seres queridos, lo que puede ocasionar dificultades económicas.
¿Por qué el cuidado de un familiar no debería recaer en una sola persona?
Uno de los principales problemas que enfrentan los cuidadores familiares es la distribución desigual de las responsabilidades. En algunos hogares, una sola persona se encarga de los medicamentos, las citas médicas, la alimentación, la higiene y el acompañamiento, mientras los demás integrantes participan de manera ocasional.
El Ministerio de Salud (Minsa) advierte que esta situación puede generar desánimo, soledad, frustración, cansancio, baja tolerancia e incluso enojo en quienes cuidan a personas con Alzheimer.
Por ello, los psicólogos de la Línea 113 recomiendan pedir ayuda a familiares, amigos o instituciones, además de distribuir las tareas para evitar que una sola persona asuma toda la responsabilidad.
La colaboración no necesariamente implica estar presente durante todo el día. También es posible encargarse de comprar medicamentos, realizar trámites, coordinar las citas médicas, preparar alimentos para quien cuida o establecer horarios de relevo para que pueda descansar.
El intensivista y especialista en cuidados paliativos Saúl Villagrana también ha planteado que los familiares que no pueden acudir personalmente tienen alternativas para involucrarse: asumir los gastos de farmacia, encargarse de los trámites, acompañar a las consultas, cubrir la alimentación del cuidador o financiar un relevo cuando no puedan hacerlo directamente.
La idea es que la responsabilidad no termine concentrada en quien tiene mayor disponibilidad o permanece más cerca del paciente.
La doctora Sonia Zevallos Bustamante, del INSM, recordó que «no se nace sabiendo ser cuidador». Por ello, consideró importante que quienes asumen esta labor reciban capacitación para comprender las enfermedades de sus familiares y aprender técnicas que faciliten la atención.
Entre las recomendaciones de los especialistas se encuentran:
Pedir ayuda: compartir las responsabilidades con otros familiares o personas de confianza.
Respetar los descansos: establecer momentos en los que otra persona pueda hacerse cargo del paciente.
Mantener actividades personales: reservar tiempo para realizar ejercicios, salir a caminar o retomar pasatiempos.
Buscar apoyo emocional: conversar con familiares, participar en grupos de apoyo o acudir a un profesional de salud mental.
Informarse sobre la enfermedad: conocer las necesidades del paciente permite afrontar mejor las situaciones cotidianas y evitar parte de la incertidumbre.
No descuidar la propia salud: mantener los controles médicos, una alimentación adecuada y horarios de sueño.
El Instituto Nacional de Rehabilitación también puso en marcha en abril de 2026 el programa educativo «Cuidando al Cuidador», dirigido a familiares de pacientes que reciben atención en la institución. La iniciativa contempla talleres sobre autocuidado, reconocimiento de señales de desgaste, establecimiento de límites saludables y fortalecimiento emocional.
¿Dónde buscar ayuda psicológica en el Perú?
El Minsa recuerda que los familiares que experimentan agotamiento emocional pueden acudir al establecimiento de salud más cercano o comunicarse gratuitamente con la Línea 113, opción 5, donde reciben orientación en salud mental.
Los especialistas insisten en que cuidar a una persona enferma no debe significar abandonar las propias necesidades. El bienestar de quien brinda asistencia también es importante para mantener una atención segura y sostenible.

